miércoles, 29 de febrero de 2012

Esperar sin esperar.

No tenemos el poder de solucionar los poblemas de nadie. No somos la causa de tantos males como creemos. Quizá podemos relajarnos un poco. Pero sí tenemos la posibilidad de acompañar, de estar al lado de alguien sin condiciones, sin esperar resultados.
Asi de fácil. Esperar sin esperar, qué risa.
No van a hacer lo que nosotros pensamos que deben hacer. No van a llamar, no van a tener detalles que consideramos imprescindibles. No van a ir al médicos que sabemos que son los  mejores, no van a venir a los grupos. No van a ser ingenieros o médicos. Van a seguir viniendo a urgencias a las tres de la mañana.
Quiza así no les agobiemos. Quizá así confíen. Quizá así escuchemos el verdadero problema.
Estar disponibles sin condiciones, qué dificil.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Diagnosticar antes de tratar.

Hay que ser metódico, primero diagnosticar antes de poner tratamientos sintomáticos que pueden paliar pero no curar e, incluso, empeorar los procesos. Parece que lo que me pasa es una "crisis de mediana edad". He aquí lo que he encontrado por google:

Una etapa necesaria

La aún llamada "crisis de la mediana edad" es ese momento incómodo que puede surgir entre los 35 y los 50 años. Nuestra especialista nos da una explicación: "Es un periodo de crecimiento y de transformación en el que entramos en contacto con el sentimiento de finitud". De pronto nos encontramos frente a una evidencia: no nos queda un tiempo infinito. Esta toma de conciencia puede ser debida a un cambio hormonal, a un aniversario más doloroso que otro, a la enfermedad de alguien próximo… Esa campanita que resuena en nuestro interior es, en la mayoría de los casos, el eco de un cambio externo: puede tratarse de la ida de los hijos, de un cambio profesional, e incluso de una ruptura. "Esta crisis nos afecta a todos, tanto a hombres como a mujeres", precisa Lisbeth von Benedek. Sin embargo, cada uno la vive de forma distinta… Los y las que están muy involucrados en su vida profesional o dependen de los signos externos de éxito pueden experimentarlo de forma más severa que los demás. 

Signos que no engañan

Contentarnos con dejar pasar "la tormenta" resulta muy tentador. Sin embargos, ciertos signos no engañan, aun cuando la crisis se manifiesta de forma específica en cada uno de nosotros. "Generalmente, empieza por un sentimiento de cansancio, de remordimiento, que puede llegar incluso a presentarse en forma de nostalgia", puntualiza Lisbeth von Benedek. Nos pesa nuestra vida profesional, las relaciones pueden estropearse… Como si el rol que hubiéramos asumido hasta ahora dejara de satisfacernos. En términos generales, durante la primera etapa de nuestra vida simplemente cumplimos los roles profesionales, familiares y sociales asignados. ¡Hacemos lo que se espera que hagamos! "En realidad, estos roles estaban eclipsando la verdadera consciencia de nuestros auténticos valores", explica Lisbeth.  

La segunda parte de nuestra vida es más una iniciación a una realidad interior

Asimismo, este viraje puede acompañarse de crisis de ansiedad e incluso de fases depresivas. La transformación no es anodina, de ahí las diferentes sacudidas que podemos percibir. “Se produce una reorganización sin que nos demos cuenta –normalmente– y esto requiere una nueva dinámica”, añade la psicoanalista. Para algunos, da lugar a una profunda reorientación de los objetivos.

Comprenderla mejor

Nuestra vida está marcada por crisis que corresponden a los momentos en los que pasamos de una etapa de desarrollo a otra. Para comprender lo que nos pasa, debemos enterrar nuestra adolescencia y tener el valor de enfrentarnos a nuestras múltiples facetas. “Es una fase de cambio que consiste en plantar cara a dimensiones de nuestro ser que aún no hemos identificado”, recalca Lisbeth von Benedek. La clave reside principalmente en la cuestión: “¿Qué tengo que hacer que aún no he hecho?”. Y también: “¿A qué he tenido que renunciar por dolor?”. Dialogar consigo mismo es imprescindible. Ya sea con un profesional o mostrándose auténtico. Es decir, es momento de hacer un repaso de nuestra vida: se deben poner todas las cartas sobre la mesa y tenemos que prepararnos para descubrir quiénes somos realmente y cambiar lo que se tiene que cambiar.

Implicarse en el proceso

La personalidad es compleja. La crisis de la mediana edad nos coloca frente a nuestras contradicciones. Hemos superado la primera parte de nuestra vida buscando el reconocimiento de los más allegados y de nuestros iguales. Es hora de empezar de nuevo: esta vez, ya no se trata de nuestra imagen social, sino de nuestro ser profundo. ¡Más que un simple cuestionamiento, la crisis de la mediana edad es una oportunidad de crecimiento que nos permite sacar partido de nuestro talento y de nuestras recién estrenadas competencias!

Lisbeth von Benedek, doctora en psicología y psicoanalista.


¿Será esto?
Ahora hay que bsucar el tratamiento.

viernes, 17 de febrero de 2012

Un ataque de dramatismo.

Ayer me dio un ataque vocacional. Pensé que había que dar un cambio radical a algo, a mi trabajo, a mi vida. Había que tomar una decsión extrema, me urgía saber qué hacer, que los demás me dijeran qué veían en mí. Cambiar, cambiar, cambiar. ¿Qué me gusta?., ¿qué me motiva?, ¿qué es lo que mejor hago?. Y, como en una telenovela, dejarlo todo e irme lejos a encontrarme conmigo misma. Sólo se me ocurrían soluciones drásticas y con efecto.
Y qué pasó, que me fui a la cama  y ya sabemos el efecto terapéutico del sueño, ordena ideas, repone energías, se descansa. Hoy me siento aliviada, los cambios drásticos me asustan. Habrá que ir de manera pausada, meditando y con sentido común. Comenzar con pequeños cambios, quizás más horas de sueño, quizás aprender más cosas, pensar en los beneficios materiales de mi trabajo (dinero, horario, amigos) mientras valoro otras posibilidades. Pararme a escucharme a mí, a ver qué veo yo en mí, a sentirme a mí y, depaso, les ahorraré tiempo y paciencia a mis amigos.
De momento toca ir a Madrid e intentar ir al cine, me parece un buen comienzo.

lunes, 13 de febrero de 2012

Cenicienta.


Sábado por la noche, de repente todo desaparece. Los horarios, las prisas, los enfados. Llegamos a la verja donde ya hay coches aparcados y entramos en un jardincito con fuente y luces.
La casa está iluminada y nos reciben en la puerta. Nos invitan a sentarnos y nos dan cava rosa dulce. Y todo comienza. Los platos uno a uno muy cuidados. Las parejas y los grupos que nos rodean charlan muy animados. No hay prisas ni malos humores. Se oyen muchos idiomas. Nos llenan las copas de vino y nos hablan de las escamas de patatas que cubren la lubina y de los pétalos que también se comen. Y hablamos y recordamos y nos reímos y criticamos y cotilleamos y planificamos. Luego los postres...ummmmhhh. Fresas y chocolate. Y vemos al chef muy tímido y contento porque todo sale bien. Nos viene a saludar y a preguntar cómo lo hemos pasado.
Suenan las 12. Nos tenemos que ir. Vuelven los niños, los despertares nocturnos y el mundo real. La casita ya no está.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Un beso Adrián.

Odio cuando un compañero dice moviendo la cabeza "es lo mejor que le podía pasar", y a lo mejor puede que tenga razón, pero me da mucha rabia.
Hay familias que quieren a sus hijos tal y como son, da igual que no hablen, que no se muevan o que convulsionen. Hay familias que cuidan a sus hijos hasta el infinito y que les protejen y les ayudan a crecer según sus posibilidades. Hay familias que son capaces de comunicarse de las maneras más inverosímiles posibles y que disfrutan con sus otros hijos de un niños con dificultades.
Por eso, cuando estos niños dejan de vivir, no sé yo si es lo mejor que les podía pasar.
Ver a una mamá, de "las pesadas" de la consulta, mecer el cuerpecito de su niño, es una lección de vida.
Un beso Adrián.

lunes, 6 de febrero de 2012

Hacerse cargo de las conquistas.

Este fin de semana postrada en el sillón con la cabeza y la tripa protestando de tanto pensar y hacer dieta, me ha hecho reflexionar sobre lo que tengo y lo que quiero. Siempre deseando, cambiando, buscando. Inquieta. ¿por qué no otro trabajo?, ¿por qué no otra casa?, ¿por qué no una niña?, ¿por qué no volver a Madrid?. Punto final. Ha llegado el momento de hacerse cargo de las conquistas realizadas. Me da mucho miedo pero tengo que hacerme  responsable de elllas. Mientras se buscan otras cosas no hace falta hacerse cargo de lo que se tiene. Si se buscan más niños no se puede disfrutar de los que se tienen. Si se busca otra casa no puedo pintar o arreglar o redecorar la que tengo.
He estudiado, me he examinado, he sido R1, me he enfrentado al primer día de adjunto, he cambiado varias veces de trabajo, ¿por qué no disfrutar de ello?.
Dar como responsables de mis conquistas a los demás no me deja ser responsable a mí. Tampoco me deja disfrutar de ello. Estudié porque en mi familia se hacía eso, aprobé porque no era tan difícil, hice pediatría por la nota del MIR, vine a Alicante por Luis, me contrataron porque no había otra en ese momento, fui a los grupos por el destino, mis niños son así por que se parecen a su padre y así hasta mil.
Pués creo que estos van a ser los deberes para estos días. Asumir mis conquistas. Con todas sus consecuencias. Con sus fallos y, por fin, sus disfrutes. No hay que escurrir el bulto.
Como dice el anuncio. "Porque YO lo valgo".