domingo, 30 de octubre de 2016

Espíritu de contradicción.

Era necesario volver a escribir. No por afición, ni por querer aleccionar sobre nada. Ni siquiera por contar las cosas que me pasan. Era necesario escribir por salud mental. Porque, al parecer, todo lo que está en mi cabeza, al pasar por mis manos y por el teclado, disminuye de importancia, se hace pequeño y abordable. Soy capaz de distanciarme y vacío un poco el espacio que hay en mi cabeza. Esta vez escribo sobre la exageración y el drama, y el saber convivir con ello y, de manera contradictoria, no darle mayor importancia. Llevo el drama en mis venas, es de familia. Mi padre siempre fue un gran actor. Mi hijo no quiere ir a una excursión y pienso que se droga, mi otro hijo está cansado...¿tendrá leucemia?, tengo una mala guardia y creo que el sistema se desmorona...y aun así no dejan de tener cierto sentido mis temores, lo que pasa es que, por suerte, lo que temo probablemente no vaya a ocurrir ni esta tarde ni mañana. Creo que estoy aprendiendo a convivir con mis exageraciones y no "hacer otro drama de ello". Que los exagerados y teatrales existimos y tenemos derecho a expresarnos. Además, nuestra vida está llena de sorpresas, pensamos que la amistad con alguien es imposible y al minuto estamos quedando como si tal cosa. Pensar lo peor de nosotros y descubrir que hay gente que disfruta charlando contigo. Que si ver la tv te atrofia el cerebro lo hace tan lentamente que ni se nota, que comer nocilla no te mata ni te engorda 200 kg de inmediato, que aquello a lo que tachas de inútiles a veces te ayudan. Y los que confirman tus sospechas...pues te dan la razón. A lo mejor se trata de pasión. Es más bonito decir apasionado que dramático. Lo que no sé yo es si la pasión que no pasar por el cerebro...puede ser "demasiado pasional". ufff....ya me he vuelto a liar.

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